Mauricio Gómez

Hacerse pintor en el ejercicio de todos los días

Desde comienzo de los años noventa, Mauricio Gómez decide estudiar Artes Plásticas y lo hace en la Facultad de la Universidad Nacional, sede Medellín. Pero ya desde niño había participado en clases de pintura, hecho al que también se suma que venía de una familia con hombres tan valiosos para la historia del arte colombiano como Ignacio Gómez Jaramilllo, su tío abuelo.

 

Durante su formación como artista plástico sobresalió por su búsqueda de un lenguaje propio en la pintura, un estilo que partía de una mirada al paisaje como rastrojo, logrando en 1994, un año antes de graduarse, una mención en el XII Salón Arturo y Rebeca Rabinovich,en el Museo de Arte Moderno de Medellín. A esto se suma que obtiene una mención especial de grado con su proyecto final en 1995.

 

Terminada su formación en Colombia, viaja a Florencia, Italia, donde estudia entre 1996 y 1997 sobre Teoría de la conservación y la restauración de la obra de arte, indagando y aprendiendo tras de esto, sobre los maestros de la pintura de El Renacimiento.

 

En el 2002, Mauricio llega a Pont-Aven, Francia, una residencia de artistas gracias a la invitación que le hizo el Ministerio de la Cultura Francesa, y en el 2004 vive en la Abadía de la Prée, también en este país. En estas experiencias el artista profundiza en su mirada al matorral, un paisaje que en él como dice su profesor de la Nacional, Aníbal Córdoba, está desantropologizado, es decir, ya no tiene la figura humana como el centro de todo, sin o que la naturaleza parece casi desprovista del hombre, gesto muy cercano a la mirada de los románticos del siglo XVIII.

 

En sus rastrojos, el artista, como afirma el poeta Santiago Mutis, alumbra con el color la enramada, busca la luz. Este mismo escritor indica que en Mauricio más matorral sea quizás más pintura y por eso es fascinante mirar sus cuadros.

 

Pero Gómez Jaramillo es un artista comprometido con la creación desde el momento inicial, su obra comienza con investigaciones que van desde los materiales y sus posibilidades, hasta el color, la historia y las posibilidades de los pigmentos, las preguntas que atraviesan la historia del arte y los retos de la contemporaneidad. Todo en Mauricio es experimentación: el formato, el lugar desde el que pinta, los colores, la luz, la técnica, las respuestas de los clásicos, las preguntas de los artistas de este tiempo, la inquietudes que trae el porvenir. En la obra de este artista está la pasión intacta de toda una vida creando como dándole sentido profundo y universal al mirar desde una humanidad inquieta.

 

Desde el gran formato, hasta el pequeño formato, su obra es de una calidad impecable y un manejo técnico cargado de maestría. Por esto es común ver sus obras en importantes colecciones empresariales privadas, entre coleccionistas particulares y en museos y galerías dentro y fuera de Colombia.